martes, 8 de septiembre de 2015

MIS EXPERIENCIAS EN LA MEDICINA IV

En días recientes presenté un problema con una muela del maxilar inferior que no dejaba de ser una molestia. La muela había perdido la corona, quedando a ras de la encía. Visité a un viejo odontólogo amigo en el municipio Naguanagua. Después de una revisión me dijo que sólo quedaba una solución: extraerla. No teniendo otra alternativa, di mi consentimiento, y así lo hizo. Tuvo que fracturarla en varios pedazos para poderla sacar. Aunque traumático el procedimiento, no resultó doloroso.

Mi amigo odontólogo me dio varias indicaciones que ya yo conocía. Que tuviera una dieta líquida por 24 horas y reposo absoluto. De regreso a casa compré dos cajas de vitamina C de 500 mgs cada cápsula y me tomé tres gramos diarios por siete días. Tomé abundante líquido y pocas bebidas azucaradas, y cuando me refiero al azúcar, me refiero al azúcar refinado. A pesar del cuidado a que me sometí, al tercer día empezó a aparecer una infección, y temiendo que fuera a hacer un absceso y una posterior fístula, con la consecuente operación quirúrgica, acudí en auxilio de la sábila.

Cada noche me colocaba un trocito de cristal en el lugar de la infección, y la cubría con algodón. Ahí lo mantenía durante toda la noche. Siete días más tarde, es decir, al décimo día me encontraba completamente curado, sin haber tomado un solo antibiótico. Esta planta milagrosa no permite la sobrevivencia de las bacterias ni hongos por muy resistentes que sean. Donde llega la sábila estos bichitos microscópicos desaparecen, de modo que a nivel tópico su uso es excelente.

También he indicado la sábila de manera tópica en las ulceras varicosas a nivel de los tobillos, y muy frecuente en las personas mayores; en las colitis y ulceras gástricas con resultados asombrosos. Conozco personas que presentaron dolor en la fosa iliaca derecha, sitio anatómico donde se ubica el apéndice vermicular, y que al inflamarse puede llegar a la apendicitis aguda. Gracias a un emplasto de sábila en la zona (abdomen) durante la noche, el dolor y la inflamación desaparecieron.

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En los últimos tiempos se han realizados investigaciones sobre los efectos perjudiciales del televisor. De los televisores que se mantienen en los cuartos donde duermen las personas. Estos aparatos poseen un condensador muy potente que aun apagados absorben las energías de los individuos dejándolos desvitalizados; de allí que cuando se levantan después de mal dormir siete horas, se sienten muy cansados, agotados, sin ánimo incluso de vivir. Las consecuencias en el cuerpo son innumerables, desde el daño a glándulas hormonales hasta un envejecimiento prematuro. Mi recomendación es que no duermas con estos aparatos en sus dormitorios, pues aun apagados son muy dañinos. Sabemos que un cuerpo sin energía es propenso a adquirir enfermedades graves, degenerativas, como el cáncer, por citar un solo caso. De modo que ya están advertidos.

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En una ocasión me visitó en mi consulta una madre con una niña presentando una infección en la boca. La pequeña babeaba y tenía fiebre alta. La traté y la paciente se recuperó. Después volvió con diarrea y luego con una otitis aguda purulenta. En un mes la traté tres veces. Supuse que la niña enfermaba por descuido de la madre o de quien la cuidaba, y así se lo hice saber. La madre por supuesto se molestó y me dijo que acudía a mí para que ayudara a su hija no para que la regañara.
“Dele gracias a Dios que la estoy regañando -le dije-, porque de alguna manera me estoy preocupando por su hija, que podría sufrir un daño de los riñones o el hígado de tanto tomar drogas. Además, estamos en una época en que casi nadie se preocupa por nadie. Ojalá yo consiguiera a alguien que me reprendiera cuando cometa un error, pues yo entendería que esa persona me quiere, me tiene amor y desea mi bien”.
La joven madre estuvo a punto de llorar al comprender que debía cuidar mejor a su hija, por el bien de ella, de su familia y de la sociedad. Para beneplácito de todos, la niña no volvió a enfermar pues la madre había aprendido la lección.


Arismendi, 08-09-2015
Zordy Rivero,  Cronista

sábado, 22 de agosto de 2015

CRÓNICAS

La Moral de Arismendi en el Siglo Pasado

El sábado 08 de agosto de 2015, en la mañana -y en compañía de María del Pilar Abreu, Moralí Rivero, Rudy Roxana Rodríguez, Daniel Herrera, Gerónimo Abreu, y mi persona-, emprendimos un viaje hacia Guadarrama, vía caño Guanarito en un fuera de borda piloteado por La Roncha. El viaje, muy placentero, escuchando el canto de las aves ribereñas bajo un cielo nublado, amenazante de lluvia, fue un regalo de mi hermana Moraima Rivero. Íbamos a la celebración del cumpleaños 64 de Rafael Rodríguez, mi tercer hermano. En Guadarrama nos esperaban su señora esposa, Clara Blanco y sus hijos y nietos. Tenían carne en vara, asada por el excelente asador, Chito Rodríguez. Fue una celebración familiar, sin baile ni música.

Hablando con Rafael me contó una historia de su infancia, cuando tenía aproximadamente siete años; historia que me dejó gratamente impresionado. En el Arismendi de aquellos días existía la costumbre entre los jóvenes de recolectar cajas de cigarrillos vacías para convertirlas en “dinero de papel”, que eran usadas para jugar a los negociantes o bodegueros: Cada caja tenía un valor equivalente al de un billete real. Mientras el cigarrillo fuera más caro la envoltura tenía más “valor”.

En una ocasión el niño Rafael encontró una caja de cigarrillos pero no vacía, pues tenía un billete de cincuenta bolívares en su interior. Lleno de alegría corrió a casa de mi madre a entregarle el billete. Mi madre alarmada preguntó que dónde lo había encontrado, tratando de averiguar la procedencia de tanto dinero. Como ejemplo podríamos decir que ocho panes valían un medio y el pasaje de un autobús en la ciudad una locha, es decir 0,12 centavos. Con cincuenta bolívares se podía comprar una vaca.

Mamá fue con su hijo tomado de la mano al Corroncho, lugar donde se había encontrado el hallazgo. La idea era conseguir al dueño del billete. Finalmente acudió a la prefectura y contó la historia con detalles. El prefecto retuvo el dinero bajo su responsabilidad, dando tiempo a que apareciera el dueño. Los policías de aquel entonces eran Bonifacio Madroñero, Nicolás Vázquez y Juan Michelena. Una semana después mamá fue llamada a la prefectura para hacerle entrega de los cincuenta bolívares.

Arismendi, 22-08-2015
Zordy Rivero,  Cronista

martes, 18 de agosto de 2015

NUEVA MUDANZA DE LA CAMARA MUNICIPAL DE ARISMENDI

 El 06 de agosto de 2015 fue mudada nuevamente la Cámara municipal a su anterior sede ubicada en la calle Rómulo Gallegos con la avenida Sucre. Motivos de este regreso, varios; pero uno en particular: el deterioro extremo de la vieja casa de don Carmelo Nieves y familia, y que ahora pertenece al consejo Comunal Centro II. En esta época de invierno, cuando caen esos sonoros aguaceros, el agua corría como un riachuelo por las salas y oficinas, ya que el techo está agujereado por todas partes, además de un drenaje muy deficiente, y no es para menos en una casa que nunca tuvo mantenimiento y con más de cincuenta años de existencia. La mudanza fue una decisión muy acertada de la Cámara municipal en conjunto, pero en sí fue una iniciativa de su presidenta Yudit Blanco, y cuando nadie pensaba que se llevaría a cabo el traslado, sucedió sin más contratiempos. También hubo otro elemento causal importante y es que el mencionado consejo Comunal quiso aumentar la renta a diez mil bolívares, cuando era caro pagar seis mil.

Se agradece de manera especial al personal que trabaja en la Cámara municipal, y que colaboró desinteresadamente en la mudanza, cargando y organizando enseres. Ellos son: José Linares, Jonni Bolívar, Enrique Mora, Israel Vázquez, María Molina, Liliana Rodríguez, Alva Morillo y Estefanía Solano.

En una conversación que sostuve con la presidenta del Concejo, Yudit Blanco, me informó que después de las vacaciones colectivas de agosto, es decir, en septiembre, estará la Cámara el pleno sesionando en la parroquia Guadarrama, conociendo las inquietudes de la gente y sus problemas más apremiantes. Este contacto directo se extenderá a las otras parroquias como una manera de llevar el poder legislativo a los rincones más apartados del municipio. También se estará diligenciando operativos médico-asistenciales y de vacunación, y en lo posible venta de comidas a precios solidarios. 
Arismendi, 18-08-2015
Zordy Rivero,  Cronista

jueves, 6 de agosto de 2015

MIS EXPERIENCIAS EN LA MEDICINA III



La información que deseo compartir con ustedes la leí en un libro de medicina Naturista. De las muchas cosas que relataba el pequeño texto, una parte se me quedó grabada en mi memoria y ha sido de mucha utilidad para mis pacientes y amigos que buscan un consejo en charlas ocasionales. Con los años y la práctica he ido modificando ésta fórmula, y en verdad ha resultado una cura milagrosa. El libro decía que las personas que padecían de tuberculosis podía curarse con tan sólo tomarse un dientito de ajo todos los días. Sabemos que el ajo aumenta las defensas orgánicas y quienes lo consumen con cierta regularidad, enferman muy poco, y difícilmente sufren de tensión alta.
Yo les explicaba a los pacientes de tuberculosis que cumplía su tratamiento indicado por Sanidad, que cada noche a la hora de acostarse trituraran un ajo, y lo dejara en la boca toda la noche, de modo que el aire que entrara en los pulmones iría impregnado con desagradable olor. Todas las personas que cumplieron de esta manera su tratamiento, sanaron de tan terrible enfermedad, y para siempre, sin recidivas. Ahora deduzco que a este poderoso bacilo de la TBC no le agrada el olor del ajo.
También instaba a estos pacientes a que hicieran ejercicios respiratorios dos veces al día. No sé dónde leí un texto que decía que la mayoría de las bacterias dañinas que viven en nuestro cuerpo, o nos visitan de vez en cuando, no pueden sobrevivir en una sangre muy saturada de oxígeno. De modo que la unión de estas dos recetas es un buen comienzo para los enfermos de los pulmones y para los que no quisieran enfermar.

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Conocí a un viejo filósofo en Ciudad Bolivia-Pedraza, del estado Barinas, que se compró ocho pares de zapatos de muy buena calidad cuando cumplió los sesenta años. Pero en los días que trabábamos amistad ya había cumplido los ochenta. Cuando le pregunté la manera de cómo había llegado a esa edad lleno de vitalidad y entusiasmo, me lo explicó: Se trata de la mente, de un condicionamiento mental. Cuando yo me compré los ocho pares de zapatos convencí a mi mente subconsciente de que debía vivir suficientes años para poderlos usar. Hace veinte años que los uso y todavía mantienen buena vitola. Pero qué hubiese sucedido si en vez de ocho me compro cuarenta pares. Lo más probables es que mi mente no se lo hubiese creído. Ella misma hubiera sacado sus propios cálculos: Vivir 110 años es un poco difícil y no creíble. Pongamos otro ejemplo: Una persona se compra 500 hectáreas a los 60 años con la intención de trabajarlas. El caso es que se encuentra solo y tiene poco apoyo de la familia. La mente lo tratará de convencer que es un imposible, y que nunca logrará su cometido. Lo más probable es que termine frustrado y abatido por las circunstancias. Todo habría sido diferente si se hubiese propuesto trabajar diez hectáreas. Al menos es más convincente.

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Le conté a mi amigo de Pedraza que en mi pueblo conocí a una señora de sesenta años, que solamente le pedía a Dios ver a su último hijo hecho un profesional. Cinco años después el joven se titulaba en Derecho y un mes después del acto de graduación la señora moría en la soledad de su dormitorio. Ya no tenía sentido seguir viviendo, pues se había cumplido su último deseo. Su petición se había cumplido a cabalidad. También leí en un libro hace muchos años que un joven deseaba poseer un millón de bolívares para invertirlos en un negocio. Su deseo era tan poderoso que sólo pensaba en eso. Al poco tiempo murió un tío en una ciudad vecina. El joven acudió al sepelio y su sorpresa fue grande cuando la viuda le hizo entrega de un sobre contentivo de un millón de bolívares dejado por el tío. ¿Quién dice que de alguna manera el joven no mató a su querido tío?

Arismendi, 06-08-2015
Zordy Rivero, Cronista

miércoles, 22 de julio de 2015

HIJOS ILUSTRES DE ARISMENDI V

Rafael Rodríguez, un Inventor de Guadarrama

Rafael Rodríguez, conocido en la amplia geografía Arismendeña por ser un destacado cuentacuentos, nació en el caserío Gavilán, circunscripción de la parroquia Guadarrama del estado Barinas, el 08 de agosto de 1952. Hijo de Gregoria Ramona Rivero Herrera y Rafael Rodríguez Venero, ambos difuntos. Sus hermanos: Adela, Reinaldo, Gregoria del Carmen, Adhely, Zordy y Moraima Rivero. Todos vivos excepto Adela. Ya viviendo en Arismendi, empezó sus primeros estudios en el Grupo Escolar Nacional “Unión”; ahora “María Torrealba de Ochoa” el año de 1961. Al culminar el sexto grado en 1967, y no teniendo recursos para continuar sus estudios en la ciudad, optó por visitar a su padre en Guadarrama, don Rafael Rodríguez, en busca de ayuda. El padre sólo le ofreció trabajo en la finca y le dijo que con estudios nada más no se vivía. Viendo ésta puerta cerrada, Rafael dirigió sus pasos hacia San Carlos, donde pudo ingresar en el Centro de Formación Agropecuaria (INCE), permaneciendo allí dos años. Egresa en 1970 como Técnico Agropecuario (Agricultor y Criador Calificado). Recibió clases relacionadas con la agricultura, ganadería, apicultura, cunicultura y horticultura; además de la infinidad de cursos que logró aprovechar, incluyendo el de electricidad.
Con el título en mano, Rafael regresa a su pueblo natal y acude a la finca de su padre, en el Gadín, con la intención de poner todo aquel bagaje de conocimientos en práctica; sólo que el padre no quiso aceptar innovaciones en sus predios, quizás por no estar acostumbrado a invertir o por miedo a lo nuevo. De modo que se dirige a la ciudad de Valencia, donde empieza a trabajar de manera ocasional. Apenas cumplió la mayoría de edad ingresa a la General Electric, la famosa compañía Americana de electrodomésticos. Dos años después es reclutado en San Carlos y es llevado al cuartel de Naguanagua donde es juramentado a los pocos días. Finalmente prestará el servicio militar en el Batallón Justo Briceño de Mérida, a la orilla del río Chama. De allí sale con el grado de Sargento Primero.
Ya libre, vuelve a Arismendi, donde le ofrecen el cargo de Comandante de la policía de Guadarrama. Sólo duró seis meses; no le gustó y renunció. Ingresa a la CADAFE, en Guadarrama, donde trabajó dieciséis años, pidiendo la baja debido a que presentaba deterioro de su salud debido a la alergia al gasoil.


Rafael Rodríguez

Este verano de 2015 en Guadarrama, Rafael confeccionó un apagador de bombillos con una jeringa desechable de 3 ó 5 ml. El procedimiento es el siguiente: Después que se  tiene la jeringa en la mano, extraemos totalmente el émbolo, tomamos la primera guía (cable) y la introducimos en el extremo de la aguja; se le hace un nudo para que no salga; la otra guía se pasa por el otro extremo y también se le hace un nudo; se introduce el embolo con presión y las dos puntas de cables quedan frente a frente. Al empujar el émbolo se prende el bombillo y al jalarlo se apaga. ¡Muy sencillo y funcional! Si desean ver muestra de este apagador económico, acudir a la casa de Moraima Rivero en Arismendi.


Apagador

Pero a Rafael Rodríguez se le conoce mejor como Cuentacuentos Oral -género muy difundido en el Llano-, alegrando a la gente en las reuniones, fiestas, velorios y en las esquinas de cualquier pueblo de los tanto que recorre en su diario devenir. Les dejo una pequeña muestra de dos cuentos de nuestro creador:

Los Monos, el Hombre y el Conuco
Tenía yo un conuco en la orilla del río Portuguesa, en Guadarrama, en una zona muy fértil. A entradas de aguas sembré una tabla de maíz que se levantó de lo más hermosa. Apenas comenzó el maíz a cuajar,  aparecieron los monos en bandadas, robándome la cosecha. Viendo la urgencia del caso partí a Calabozo. Me compré cuarenta y ocho pares de alpargatitas de esas que usan los choferes en el retrovisor de sus carros. Ese mismo día por la tarde regresé a casa. En el conuco, acompañado de mi hijo Gustavo esperamos sentados bajo la sombra de unos guásimos, a que llegaran los monos. Al poco rato aparecieron. Nos miraban desde lo alto, con curiosidad. Saqué de un morral dos pares de alpargatas y nos las calamos, lentamente, para que vieran nuestra actuación; luego tomé la marusa y se las lancé cerca de unos carutos. Bajaron a revisar. Cada uno tomó las suyas y se las fue colocando en los menudos pies. Cuando  completaron su labor corrimos tras ellos y los agarramos tratando de subir los árboles. Resbalaban y caían en el saco que les colocábamos debajo; luego amarramos los sacos, los metimos  en una canoa,  y los llevamos al otro lado del río. No regresaron a molestarnos durante ese año.


El Burro Cazador
Una tarde salí de cacería en mi burro mohíno. Entré en la montaña, en una zona donde abunda el picure y la lapa. Me llevé la escopeta y un par de cartuchos. En la enjalma amarré varias mallas llenas de frutas: mangos, guanábanas, lechosas. Tomé algunas y las coloqué cerca del sitio de cacería. Durante una hora estuve velando, pero no llegó ninguna presa. Un poco aburrido fui a buscar mi cantimplora. Mi sorpresa fue grande cuando miré un picure muerto entre las patas del burro. Pensé: caray este animal es mejor cazador que yo. Tomé la presa y regresé a casa. Ese día lo recompensé con paja y melaza. Desde entonces él caza por mí. Deja que los animales suban  a comer y al momento de bajar los patea en la cabeza.
Rafael Rodríguez Rivero
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A mis lectores del mundo les recomiendo visitar la página Web de “La Fundación Mundial para las Ciencias Naturales”: www.naturalscience.org/es
Mi segundo Blog: cronicasdearismendi.blogspot.com
Y como un regalo especial los remito al artículo: “Una Brújula Moral para el Viaje de la Vida”.

Arismendi, 22-06-2015
Zordy Rivero, Cronista

jueves, 16 de julio de 2015

MIS EXPERIENCIAS EN LA MEDICINA II

En San Antonio de las Flores (parroquia de Arismendi), conocí a principios del presente siglo un paciente que me dejó verdaderamente impresionado. Apareció en el Ambulatorio con un edema en un pie, producto de un absceso, pero tan agrandado que más parecía una elefantiasis. Mi primera idea fue drenarlo y luego remitirlo al hospital de Achaguas para su hospitalización, pero se negó. Decidió irse a su casa y así lo hizo; salió lentamente con una caja de analgésico en la mano, y desapareció por el camino que llevaba al caserío Hato Viejo arrastrando su dolencia. Esa tarde me quedé pensativo, preocupado por la salud de aquel hombre que se negaba a recibir antibióticos en un hospital.
Al día siguiente volvió, pero esta vez completamente curado. Al interrogarlo y preguntarle por su padecimiento me mostró el tobillo y la pierna deshinchada. Por un momento pensé que tenía un hermano gemelo. Me explicó que su abuela había preparado dos tobos de agua; uno caliente y otro frío. Le metió el pie en uno y otro recipiente, alternativamente, por siete veces seguidas. Durante la noche hizo la misma rutina tres veces, a un intervalo de una hora. Después cubrió el pie con cristal de sábila y lo envolvió con un trapo limpio. En la mañana el absceso había drenado en su totalidad. Era la cura más rápida que en mi vida profesional había presenciado.

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En el hospital de San Carlos donde estudié la mitad de mi carrera de medicina, conocí a dos pacientes hospitalizados el mismo día por presentar la misma enfermedad: neumonía basal bilateral. La edad, constitución y  gravedad de la afección eran muy similares; incluso las placas de rayos X parecían una réplica. Se les aplicó el mismo tratamiento y se les dio la misma comida y atención. Sin embargo al concluir la primera semana uno estaba enterrado y el otro en franca recuperación. ¿Qué sucedió con estos casos? ¿Dónde estuvo la equivocación? … si la hubo… Pero no hubo equivocación. En las historias clínicas, uno manifestaba un fuerte deseo de volver a su casa para seguir trabajando en un proyecto que ejecutaba para el momento, y así sucedió; el otro paciente en cambio deseaba morir; estaba decepcionado de la vida y pensaba que era un estorbo para la familia…, y también a éste se le cumplió su deseo. Moraleja: la gran mayoría de los tratamientos no funcionan si el paciente ha perdido la fe en la vida, en una posible curación.

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 En el hospital González Plaza de la ciudad de Valencia conocí una paciente de unos sesenta y cinco años de edad, que venía padeciendo de fuertes dolores de cabeza. Según la medicina tradicional China la cefalea es un alerta de que venimos haciendo algo estúpido y debemos parar. Si seguimos con la preocupación tonta, la próxima advertencia será un tablazo en la cabeza, y eso se llama migraña. Recuerdo que el médico Internista, mi profesor, le dijo a la paciente en la última visita que su cefalea ya estaba controlada, y que podía irse tranquila a casa, a disfrutar de su familia. Entonces sucedió algo que me dejó sorprendido. La doñita le pidió, le suplicó a mi profesor que por favor le colocara en un récipe una enfermedad inventada por él, pues, según ella, era la única manera de verles las caras a sus hijos, y que a la vez le dieran dinero para poder sobrevivir. La paciente salió muy alegre de la consulta con un récipe en la mano. Jamás volví a verla durante el resto de mi breve pasantía en el mencionado hospital. Tampoco me imagino cuantas enfermedades más estrenaría durante el resto de su solitaria vida.
Arismendi, 16-07-2015
Zordy Rivero,  Cronista

lunes, 13 de julio de 2015

IDIOISINCRASIA DE UN PUEBLO

Hace unos veinte años me encontré en  una de las calles de El Baúl, a unas dos cuadras de la plaza Bolívar. Estaba de visita con unos amigos. En ese momento apareció un carro con una música que envolvía todo el ambiente. Una de las personas allí presente se acercó al conductor y con buenas palabras le pidió que tuviera consideración con la familia de la difunta que había muerto por la noche, y que por favor bajara el volumen de la música; el conductor apagó la música, pidió disculpas y se retiró. En ese instante pensé: Así era Arismendi hace ya mucho tiempo.
Cuando don Herminio Mirabal fue presidente del concejo municipal, y al final de su período entregó los libros de actas al que le precedía, con la suma de 35 bolívares, y sin ninguna deuda, nadie se alarmó porque eso era lo normal. Todavía se mantenían los valores de honestidad y rectitud. Siempre he conservado el buen ejemplo de aquel viejo político, desaparecido hace ya muchos años. Continuando con don Herminio, se cuenta que en su negocio, al frente de la plaza Bolívar, acudía mucha gente a comprar, y otros a conversar, usando el mostrador como silla. Esto molestaba al dueño y así se lo hizo saber al prefecto, quien dijo que la próxima persona que se sentara en el mostrador, él mismo se lo llevaría preso por abusador. El caso es que al día siguiente el ciudadano prefecto fue el primero en sentarse en el mostrador. Don Herminio le recordó lo que había dicho y prometido el día anterior. El prefecto reconoció su error y él mismo se encerró en una celda durante toda la mañana de ese día.  

En uno de los muchos pueblos llaneros que visité en el pasado, conocí uno que se distinguía de los demás por su apatía. Cada uno de sus habitantes estaba pendiente de su beneficio personal, olvidando que en esta sagrada tierra todo está conectado. Eran tan apáticos que en una ocasión en que se quemaba una casa de palma, uno de los vecinos le dijo a su hijo que estuviera pendiente de la candela, no fuera a pasarse a su casa. Lo único que puedo decir es que los pueblos apáticos y egoístas tienden a desaparecer o en el peor de los casos se mantienen tan pequeños que se hacen invisibles, incluso para sus propios gobernantes. Además quién se aventuraría a vivir o invertir en un pueblo tan egoísta y desarraigado.

En su mejor época Arismendi fue conocido por ser un pueblo honorable, con muchas cualidades buenas, que se ocupaba del bienestar de sus hijos. De manera que el problema de algunas personas o familias ya era competencia de todos los ciudadanos. Yo viví y conocí el final de esa época. Pero ¿qué sucedió?, ¿a que se debió ese cambio de conducta? En primer lugar a la influencia foránea. Muchas gentes salidas de otros pueblos y ciudades eligieron a nuestro terruño para vivir. Algunos se adaptaron y siguieron las costumbres buenas, pero la mayoría llegó con la intención de hacer dinero sin importarle nada más. Y ustedes saben que el dios dinero lo corrompe todo. Poco a poco se fue perdiendo el deseo de ayudar desinteresadamente. La gente empezó a decir: ¿Cuánto hay pa eso? Mi tiempo tiene un precio. Y qué gano yo si ayudo, pues a mí nadie me ayuda.
Debo aclarar que así como vino gente poca colaboradora también llegó gente honesta y trabajadora que tomaron este pueblo como si hubiesen nacidos en él.  

Ahora tendremos que reparar todo lo que ha sido modificado o dañado. Volver a los valores que nos guiaron desde el principio, desde la época de la fundación, de cuando no era Arismendi sino Ave María Sanchera. Tendremos que retomar el camino que no pudieron caminar nuestros viejos fundadores. Ahora cuando vemos las calles llenas de basura lanzadas por nuestros propios moradores, carreteras aledañas en iguales condiciones de abandono y suciedad, o cuando vemos a un joven faltarle el respeto a un mayor, sabemos que estos actos los hacen individuos que no le tiene amor a este hermoso pueblo llanero, y de eso se trata, de ponerle amor a lo nuestro, para devolverlo a la luz que nos iluminó en el pasado lejano.

Arismendi, 05-0-2015
Zordy Rivero, Cronista