lunes, 18 de noviembre de 2019

HIJOS ILUSTRES DE ARISMENDI IX

Adhely Ramón Rivero nació en el caserío Gavilán —ahora conocido como Gavilán Viejo— el 04 de junio de 1954, jurisdicción de la parroquia Guadarrama (donde fue presentado y bautizado), perteneciente al municipio Arismendi del estado Barinas. Estudió en el Grupo Escolar “Unión” de Arismendi hasta el cuarto grado; perduran en su memoria el recuerdo de la maestra Adela Duarte quien después partiría hacia San Fernando de Apure; los maestros Pedro y Conchita de Escalona perduran en su memoria desde los lejanos días de la infancia, destacando que eran seres muy especiales dentro del conglomerado educacional Arismendeño. Recuerda a Francisco Montoya por su severidad extrema en los castigos a los alumnos indisciplinados.

Después concluye la primaria en la escuela “Marcelo Ramírez” de Guadarrama. Sus recuerdos se inclinan hacia el director del plantel: Guzmán, quien siempre lo esperaba los lunes a la hora de la entrada, armado de una cámara, para tomarle fotografías mientras el joven estudiante llegaba en su burro o caballo, en pelo, que lo llevaba desde la casa del padre, cerca de la escuela.

Viaja a Valencia e ingresa en el liceo “Pedro Gual”. Sorprendido por lo inmenso de la estructura física y la cantidad ilimitada de estudiantes, sólo se le ocurre preguntar por la biblioteca, y hacia allí dirige sus pasos, cada día y cada año, compartida con el aula de clases, hasta que le fue concedido el título de bachiller.

Empieza a estudiar Lengua y Literatura en la universidad de Carabobo. Pero a la vez incursiona en la escuela de Derecho, donde previamente había participado y ganado el Concurso de poesía “Miguel José Sanz”. No obstante deja inconclusa ésta carrera tras haber cursado tres años. También ganó premios de Poesía en el Concurso auspiciado por la escuela de Educación, donde finalmente obtiene el título de profesor en Lengua y Literatura.

Siendo estudiante, ocupó la Coordinación de Cultura de la Facultad de Derecho durante dos años y medio; posteriormente se incorporó al departamento de Literatura de la universidad de Carabobo, como asistente del poeta Reinaldo Pérez So —en la dirección de Cultura—, donde trabajó durante muchos años como redactor de la revista “Poesía”, impartiendo Talleres de poesía, editando libros y asesorando estudiantes. Tras la jubilación del poeta Pérez So, Adhely se encarga del departamento de Literatura, haciéndose cargo de la dirección de la revista “Poesía”, una de las revistas más importantes de Latinoamérica, especializada en poesía y teoría poética. También empieza a coordinar el encuentro Internacional de Poesía —durante doce años— que patrocinaba la universidad de Carabobo.

Lunes, 18-11-2019
Zordy Rivero, Cronista




viernes, 11 de octubre de 2019

ESCRITOR ZORDY RIVERO


Fotografía de Adhely Rivero




EL PRESO MAYOR

                 Hoy he ido a la cárcel a visitar un amigo de mi abuelo. He ido con el consentimiento de mi padre. Lleva quince años, pagando una sentencia de veinticinco. Luce viejo, gastado, y no obstante conserva un brillo de esperanza en los ojos.
                “Conocí a tu abuelo —cuenta— cuando éramos niños. Ya siendo mayorcitos paseábamos por un banco que se prolongaba en una extensa sabana. Me dijo: En este lugar, amigo Ponciano, pasarás una larga temporada de tu vida. No le dí importancia a esa conversación;  uno camina en un ir y venir por el mundo, uno no es como los árboles que se siembran, se arraigan y mueren en el mismo lugar, plantados como un toro bravo.
                “Pasó el tiempo y en el mismo terreno hicieron una cárcel. Yo estaba muy lejos, en una apartada ciudad. De modo que cuando empezó la obra yo ni siquiera supe. La vi por primera vez cuando el presidente la inauguraba, por televisión.
                “Luego yo maté a Camilo Maluenga, el que me quitó mi mujer y de paso me llamó cobarde. Él se la buscó. Uno no es inmortal porque ocupe un cargo importante en el gobierno. Caí preso y a los pocos días me trasladaron a la cárcel que sin saber ni imaginar  había anunciado tu abuelo.


                “Tengo la esperanza de salir de aquí en poco tiempo. Él dijo: en este lugar pasarás una larga temporada de tu vida. No dijo: pasará aquí toda tu vida. En la frase inicial he puesto mi fe, mi esperanza, Dios”.



 EL CRONISTA

      “Ciudadano Alberto Lugo, presidente de la Cámara municipal de Guadarí; muy respetuosamente me dirijo a usted y a los ilustres consejales para saludarlos y hacerles extensiva la solicitud del cargo de cronista que tanta falta hace en estos momentos de crisis e incertidumbre. Mis credenciales no son muchas. Me atengo a la herencia de mi padre Marcelino Cañabrava, uno de los fundadores de este pueblo. Sin ínfulas ni falsas creencias de sabio, puedo decirles finalmente que me creo con la abilidad de ejercer dicho cargo con responsabilidad y cordura.
                Sin más que hacer referencia, se despide de usted.
Atte.

Eleuterio Cañabrava”.

La carta fue leída por la secretaria, quien al terminar hizo la siguiente observación: “Con la venia de los señores concejales y demás ciudadanos presentes, debo manifestar que la misiva  enviada por el pretendiente a cronista, incluye en sus pocas líneas dos palabras con errores ortográficos, que a mi entender son inadmisibles en una persona que se cree así misma escritor”.
“Gracias por la observación, señorita, dijo el presidente de la Cámara. Queda abierto el derecho de palabra”.
Se hizo un silencio absoluto, interrumpido por el movimiento de las hojas de papel o el borronear de un bolígrafo.
“Tomaré la palabra, dijo el presidente. Ya veo que nadie quiere lanzar la primera piedra, y eso está bien. Durante años hemos rechazado la solicitud que nos ha hecho Eleuterio, de ser nuestro cronista, y nosotros, ya sea por egoísmo, envidia o ignorancia la hemos rechazado, sólo porque el hombre es uno de los intelectuales más capaces que tenemos en el municipio. Eso lo vemos como una ofensa a nuestra ignorancia. Me atrevo a decir que esta carta no la escribió Eleuterio;  y si no me  creen revisen en los archivos la escritura impecable de las cartas anteriores; pero debo destacar que es grato que baje a nuestro nivel. Yo de mi parte levanto la mano a favor de que Eleuterio sea el cronista de Guadarí”.
Todos los ediles levantaron la mano en señal de aprobación.

El primer cronista de Guadarí siempre le agradeció a don Tulio Lovera el encabezado de la exitosa carta.



EL SALTO

                La madre tenía que salir todas las mañanas a trabajar a casa de una de las familias pudientes de la comunidad, por lo que debía dejar a la hija de quince años sola hasta el amanecer, hora en que llegaba una vecina a hacerle compañía. Era una niña hermosa, exageradamente hermosa, y no escapaba de la atención de jóvenes y adultos que por la casa merodeaban, disimulando que buscaban una dirección, cuando en realidad lo que pretendían era lograr una conversación con la chica. Afortunadamente la muchacha mostraba un carácter recio, intolerante. Sólo por esto último la madre la dejaba sola… y también por el revolver que estaba en la repisa, y que su hija sabía manejar bien.
                Una madrugada —después de la madre haber dejado la casa— Estela oyó ruidos en el techo. Aguzó el oído y percibió como si alguien destornillara los sujetadores del zinc. Salió de la cama y abrió la repisa. Si era un gato le causaría un susto único, pensó. Apuntó al techo y disparó. Oyó un quejido y luego  un salto en tierra como el de un animal grande. En la mañana miró una hilera de sangre que se dirigía a una esquina del patio. En la pared dejó marcas de sangre. Pensó que quizás le había dado a un gato. Ella lavó las manchas para que no llamara la atención de la madre y entonces hiciera preguntas que ella no sabría responder.
                Al día siguiente encontraron a Faustino Armentero, hombre de unos cincuenta años, con un disparo en el pecho. La policía pensó que la causa de la muerte era un ajuste de cuentas o peleas entre delincuentes, y dio el caso por terminado. Faustino era un ladrón intrépido, incorregible y muy despreciado en el lugar.
                Un mes después la madre de Estela subió al techo con un pote de petróleo líquido, dispuesta a sellar el orificio dejado por la bala. Encontró alrededor del agujero un pozo de sangre reseca, que no dejaba duda de que la víctima no habría sobrevivido jamás. En silencio bajó del techo, y en silencio permaneció durante el resto de sus días. Jamás le dijo a su hija que había asesinado a Faustino Armentero.



EL GOBERNADOR Y EL ESCRITOR

                   El gobernador recibió en su oficina al escritor con amabilidad; le tendió la mano  y lo invitó a sentarse, a la vez que éste le hacía entrega de su último libro recién publicado. Se hizo un silencio casi tenso mientras el jefe de Estado hojeaba el ejemplar. Entró sin anunciarse una joven con dos tazas de café. Colocó la bandeja en la mesa y salió como un ave que va de paso.
                —Tengo una curiosidad —dijo el hombre mayor levantando la frente, con el libro abierto—. La dedicatoria tiene la fecha de tres meses atrás. ¿Por qué le puso esa fecha  y no la de hoy?
                —Hice la dedicatoria el mismo día que pedí mi primera audiencia para entregarle el libro —dijo el escritor—. En los días venideros me resultó imposible comunicarme con usted. Siempre me decían: está en una reunión, ocupado, indispuesto, o venga otro día. No es fácil hablar con usted. Seis veces lo intenté hasta que hoy obtuve el dichoso placer de saludarlo en su oficina. Pero yo no debería quejarme. Allá afuera hay personas que, desde hace cuatro meses esperan tener una audiencia con su excelencia. Creo que los sostiene una gran fe y esperanza.
                —De modo que así marchan las cosas allá afuera —dijo el gobernador ensimismado—. Ahora lo vengo a saber. Es increíble que un ciudadano tarde tres meses y aún más para poder entrevistarse conmigo. Yo me debo al pueblo, por él estoy aquí. No he comenzado a leer el libro y ya me ha impresionado.
                Hablaron de variados tópicos, y cuando el escritor se hubo retirado, él quedó pensativo, mirando la dedicatoria, como si sopesara una idea o un cambio.
Al año siguiente hubo elecciones y el gobernador fue reelecto para un segundo periodo. Muy pocas veces se le vio en su oficina.


Fotografía de Adhely Rivero

ZORDY RIVERO. Venezuela, 1959. Escritor, cronista y Médico Cirujano, egresado de la Universidad de Carabobo. Ha publicado: Cuentos (Ediciones de la universidad Ezequiel Zamora, 1988), El Muchacho del Chaleco Rojo. Editorial Guadarí, primera edición, 1988 y segunda edición, 1991; Último Litigio. Editorial Guadarí, 1991; Relatos y Fábulas. Auspiciado por la Gobernación del Estado Barinas, el CONAC y la Asociación de Escritores del Estado Barinas, 2003; La Réplica. Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2013 . Fue miembro del Grupo Artístico “Un paso al Frente” por los años de 1970. Es miembro de la Asociación de Escritores del Estado  Barinas y Cronista del Municipio Arismendi, donde ejerció la profesión de médico hasta su jubilación en 2014.


jueves, 10 de octubre de 2019

MIS EXPERIENCIAS EN LA MEDICINA XLIII

Un Elixir Regenerador

Hace algún tiempo me encontré con un viejo amigo de la infancia, quien tras una prolongada conversación me dijo que existía en la Naturaleza una sustancia capaz de regenerar tejidos y órganos enfermos. Habiendo recibido la orientación necesaria me avoqué a buscar la sustancia milagrosa… y pasado menos de un año la encontré. Inicialmente no hice nada, es decir, no experimenté con la sustancia medicinal, quizás porque no creía en ella, o por la sencilla razón de que algo tal elemental creado por la naturaleza pudiera tener tanto poder. Me dediqué a recoger la materia prima y almacenarla en un frasco grande de cerámica. Cada día recogía unos cuantos gramos y la almacenaba; luego me dedicaba a mis actividades cotidianas: leer, escribir, estudiar y atender uno que otro paciente que necesitaba de mi ayuda para que lo liberara del helicobacter Pylori, causante de ulceras gástricas y gastroduodenales, y que los médicos todavía no han logrado controlar, para no hablar de erradicar. Yo con cuatro sesiones de terapia lo desaparezco para siempre. Pero volvamos a lo primero.

Un día me encontré con un paciente que iba a ser operado de una tumoración abdominal. Le referí que yo poseía un remedio que era capaz de regenerar tejidos y órganos enfermos. Le preparé un litro del elixir que él bebió con mucha fe. Lo sorprendente es que al mes siguiente su médico tratante, después de una revisión minuciosa, determinó que ya no necesitaba la operación, y que fuera lo que fuera que estuviera haciendo, que lo siguiera haciendo. Tres meses después había recuperado completamente su salud. 

Actualmente preparo este elixir de manera artesanal, y la mayoría de las veces lo regalo con la condición de que cada paciente me relate sobre sus propiedades curativas. Uno de los casos más alentadores se relaciona con mi amigo Pedro M., quien padece de diabetes, por lo que debe tomar medicamentos a diario para mantener el azúcar a raya. Todas las noches se levantaba al menos tres veces a orinar de manera abundante. Al empezar a tomar mi elixir sólo orina una sola vez en la noche. Otro caso que deseo compartir con ustedes es que en la mayoría de los que han cumplido una semana de tratamiento se empieza a percibir un rejuvenecimiento notable y visible. Este hecho último es previsible, tratándose de un revitalizante.   

Sé que mis lectores tendrán muchas preguntas, pero será hasta otra ocasión que vuelva a compartir con los muchos seguidores de mi blog…

Jueves, 10-10-2019
Zordy Rivero, Cronista

miércoles, 18 de septiembre de 2019

CHICHO NIEVEZ, UN EMPRENDEDOR DEL CAMPO

Chicho Nieves, segundo hijo de Eduardo Enrique Nieves y Petra Ramona Bernal, nace en la parroquia Guadarrama (localidad “La Campesina”) del municipio Arismendi del Estado Barinas el 21 de abril de 1955. Sus hermanos: Migdalia, la mayor; Enrique, La Negra y Marisol. La familia se residenció en Arismendi cuando él tenía 4 años de edad. Hizo sus primeros estudios en la escuela de doña Ofelia de Román y luego ingresó a la escuela Básica “Unión” donde culminó la primaria. Recuerda de manera especial los maestros José Antonio Pérez, Conchita de Escalona, Dilia Ochoa y al director Francisco Montoya.

 Concluido el sexto grado (12 años) viaja a Calabozo donde ingresa en la Escuela Técnica Agropecuaria “Ricardo Montilla”, internado ubicado en la vía de “Corozo Pando”. De allí sale con el título de Perito Agro-Técnico; compartió estudios con “Catire Lucas”, Pepe Morenos y Daniel Navas. Regresa a Arismendi y se interna en el Fundo “Mata de Candela” atendido por su padre. Chicho trata de poner en práctica ese bagaje de conocimientos recién adquieridos, aunque admite que no pudo hacer muchos cambios debido a las dificultades que presentaba el terreno. No obstante incursiona en el mundo de la compra y venta de ganado, que era uno de los pilares que sustentaba el Fundo, aunque admite que siempre estuvo bajo la tutela del padre.

 A la edad de veinte años contrae nupcias con Sora; los casa el prefecto de Arismendi, ciudadano Juan Zorro; conciben tres hijos: William, Oswaldo y Sorelis Nieves: Cuando los hijos estaban para entrar a la escuela se radica en la zona sureste del pueblo, “Fundo don Eduardo”,  a una orilla del Guanare, donde ya ha cumplido cuarenta años de permanencia. En los primeros años iba y venía de la finca al pueblo, hasta que decide establecerse definitivamente en el pueblo.

 Refiere Chicho que, aun cuando el padre no era una persona estudiada, tenía la virtud de la curiosidad, que lo capacitaba para recibir asesoría de veterinarios, peritos y otras personas versadas con la ganadería. Mantenía buenas relaciones con otros productores exitosos: Los Veneros, Domínguez y Navarros. La ganadería de Eduardo nunca llegó a sobrepasar las quinientas reses y eso contribuyó a que lograra controlar y mantenerla estable y próspera, sin asumir muchos riesgos. Y refiere Chicho que su experiencia con el manejo de rebaños, las construcciones de cercas, corrales, pastizales los aprendió del padre. Su papá construyó  encima del fogón una troja donde guardaban maíz, hojas de maíz para las hallaquitas, topochos, latas de chicharrón para que se conservaran en buen estado y papelón. En una ocasión llegaron de visita unos llaneros a “Mata de Candela” y le pidieron al viejo que les vendiera una panela; mi papá les dijo que no estaba a la venta y que sólo era para el consumo de la casa; entonces el vacunador Juan Clemente Ramírez, de Guadarrama, le pidió a Eduardo que se las vendiera, para que se la llevaran de bastimento por el camino. “Está bien, dijo Eduardo, les cuesta dos bolívares”. “Bueno, don Eduardo, la próxima vez que pasemos por aquí le traemos la plata”. Tiempo después Juan Clemente le preguntó a Eduardo si las gentes le habían pagado la panela, y Eduardo respondió: “No me la pagaron pero se las vendí bien cara”. Otras  anécdotas relacionadas con el viejo: Una vez el camión se quedó accidentado cerca de Calabozo; Eduardo envió un telegrama a Guadarrama informando a su familia de la situación.  David Maluenga, (un intelectual y sabio del pueblo) le llevó a Juana Ruiz, su primera mujer la encomienda. Decía “Llegando a Corozo Pando reviértaseme tripa”. La señora se alarmó: “Ay Dios mío y cómo ocurriría eso”, llevándose las manos a la cabeza. “A él no le pasó nada, dijo David. La tripa que se reventó fue la del caucho del camión”. Con esa explicación volvía la calma al hogar. A los pocos días llegó otro telegrama: “Manda dinamo, dinamo no manda”. “Qué significará eso David, dijo Juana”. “Bueno, que si tienen un dinamo viejo que se lo mande, que el que carga el camión dejó de funcionar”.

 Después de veinte años Chicho y Sora se divorcian; luego se casa con Katiuska Saverí con quien se mantiene actualmente en unión de tres hijos. 


Arismendi, 18-09-2019
Zordy Rivero, Cronista

jueves, 12 de septiembre de 2019

HIJOS ADOPTIVOS DE ARISMENDI

Erasmo Galantón

Luís Erasmo Galantón nació en Valle de La Pascua estado Guárico el 30 de setiembre de 1952; hijo de Andrea de Jesús Cedeño y Juan de la Cruz Galantón, con quienes vivió hasta la edad de 11 años, cuando se vino con Susana de Moreno para Arismendi. De allí continuó su camino hacia la finca “Uberaliito” atendida por Manuel Castillo y Susana, quienes finalmente terminarían de criarlo.

Cuenta Galantón que desde sus primeros años de vida sintió un atractivo muy poderoso hacia los animales del campo, y fue entonces cuando se encontró con Susana de Moreno en Calabozo, quien le dijo que ella poseía una finca donde criaba ganado vacuno, caballos, cochinos y aves de corral. Esto lo entusiasmó tanto que lo llevó a dar ese paso importante hacia el llano barinés.  

Entrado en los doce años acaece la muerte de su padre en Calabozo. Desde ese momento Galantón estuvo pendiente de la madre viuda. La comunicación era a través del telégrafo, (único medio de comunicación rápido que existía en el pueblo). Si presentaba una enfermedad u otra dolencia él iba al encuentro de la madre para ayudarla en lo necesario.

A los 18 años hizo pareja con Felipa González quien tenía ya cuatro hijos de un matrimonio anterior. Galantón tuvo con ella una hija única: Gregoria Teresa González Galantón, directora actual de la Escuela “María Torrealba de Ochoa”.
De manera que por crianza puede decirse que nuestro entrevistado tiene cinco hijos, y que ellos a la vez lo reconocen como un padre.

En la década de los 60 —cuando llega al pueblo—, Arismendi era muy nombrado en los estados Llaneros; pero sobre todo muy conocido por sus ‘fiestas patronales’ y ‘toros coleados’. La manga de coleo se construía de manera improvisada y temporal en la calle “Banco Alto”, y ya en plena festividad, y poco antes de soltar un toro un conjunto de música (venido de san Fernando de Apure) tocaba un pasodoble con una maestría tan extraordinaria que hacia estremecer a los presentes. Luego venían las fiestas aguinalderas. Los músicos salían a las cuatro de la madrugada a recorrer las calles y despertar al pueblo para que acudiera a las misas, interpretando canciones hermosas que hacían levantar a los habitantes y seguirlos hasta una ruta final que terminaba en la iglesia parroquial. También fueron muy conocidas las “Fiestas de Gala”, donde acudían los señores más encopetados de aquella sociedad: ganaderos, comerciantes y bachilleres.

Los inolvidables bailes en casas de Trina de Vidal, Elauteria y Ramón Abreu, que duraban hasta tres y cuatro días marcaron su impronta en aquella sociedad rural.

En “Uberalito” Galantón se levantaba de madrugada a ordeñar las vacas y luego llevaba todas las mañanas al pueblo entre 80 y 100 botellas de leche. Casi siempre iba acompañado de Víctor Zapata y sus hermanas que estudiaban en la escuela.

Trabajó como llanero de a caballo en varios hatos: “Campo Alegre”, “Santa María”, “La Trinidad”, “Flor Amarillo”, “Palo Quemao”, fue compañero de faenas de Abelardo Villegas y Víctor Zapata.

Recuerda con mucho cariño a Flor Araujo y Juan Montoya que fueron como unos padres, y además sus vecinos.
Viajó mucho en el arreo de ganados hasta El Baúl, donde los camiones recibían y cargaban hasta mil toros rumbo a “La Romana” de Valencia. En el gobierno de Luis Herrera fue contratado como vacunador y en el hato “Campo Alegre” logró vacunar 12.000 reses, y en 32 días de trabajo sacrificaron para la carne de la peonada 16 terneras.

Sus estudios escolares fueron pocos, pero la escuela de la vida le enseñó lo necesario para llegar a una vida digna y noble.

Jueves, 12-09-2019
Zordy Rivero, Cronista