domingo, 2 de abril de 2023

DIARO DE ZUIZA 5

Jueves 27

Paul y Elisabeth me dijeron que el viernes iríamos a dar un paseo, y que tendría la ocasión de ver a Vera María —una de sus hijas. En el Congreso conocí a Valentina (otra hija), una joven muy amable, cariñosa y servicial, que está aprendiendo español.

“Mañana tendrás la oportunidad de hablar español todo lo que quieras, Zordy”, me dijo Elisabeth.

Yo se lo agradecí con una sonrisa.

Zordy Rivero

jueves, 16 de marzo de 2023

DIARIO DE SUIZA 4

Miércoles 26

Mi rutina de la mañana: Me despierto a las cinco y de inmediato agradezco a Dios por mi vida; también agradezco a mi Cuerpo Elemental y a mi Cristo Interno; luego me entrego a la meditación que incluye protección de personas y lugares, curaciones de mis pacientes lejanos, reafirmación (visualizaciones) de mis proyectos de vida para el bien del Planeta Tierra y sus habitantes. A las seis empiezo a realizar mis ejercicios de respiración que ocupan unos veinte minutos. Finalmente hago unas veinte flexiones de pecho y luego me dirijo al baño. Me llamó la atención que la familia Probst usa solamente crema dental sin flúor, y este hecho me parece importante para la salud en general, sabiendo que el flúor es un veneno que se utiliza en la construcción de cohetes que viajan al espacio, y que a nivel orgánico puede inhibir o dañar glándulas de secreción interna.

A eso de las 6:30 ya me estoy vistiendo y dirigiendo mis pasos a la cocina, a hacer mi desayuno que ya está listo, esperándome en la mesa. Los dos primeros días Elisabeth me llamaba para el desayuno, pero después ya no lo siguió haciendo. Entiendo que al igual que su esposo, ella, a su manera, enseña con el ejemplo. 

Zordy Rivero

viernes, 10 de febrero de 2023

DIARIO DE SUIZA 3

 Martes 25

A unos cincuenta metros de la residencia de la familia Probst se encuentra una Iglesia de apariencia antigua, cuyo reloj emite campanadas a cada hora; si son las 7 de la mañana, se escuchan siete campanadas. A las seis de la mañana suena durante unos cinco minutos, despertando a toda la vecindad, generando un gran alboroto sin ninguna contemplación. Luego emite el perfecto reloj una campanada cada 15 minutos. Desde la ventana de mi dormitorio puedo ver la Iglesia, majestuosa y a la vez ruidosa. Paul me ha preguntado si no me molestan las campanadas constantes de la Iglesia y le he respondido que no. Al contrario, me recuerda que a las seis en punto es la hora de levantarse. Pienso: Con campanas sonando todo el día, ¿para qué se necesitan gallos?

Zordy Rivero

Valencia, 10-02-2023

domingo, 4 de diciembre de 2022

DIARIO DE SUIZA 1

Domingo 23 de octubre de 2022

A mi llegada a Caracas el sábado 15 de octubre de 2022 —en horas de la tarde— mi amiga Orietta Palenzuela me buscó en el terminal de pasajeros “La Bandera”, y me llevó a su casa donde me brindó hospedaje hasta el día de mi partida. Siempre atenta y servicial. El martes 18 en la mañana, Adriana Gallardo y Plinio me pasaron buscando y me llevaron al aeropuerto de Maiquetía, y permanecieron cerca de mí hasta que ingresé al área interna para el abordaje a las 10:00 am. A las 10:30 despegó en avión y tras 11 horas de vuelo llegué a Estambul.

A Zúrich arribé a media mañana del miércoles 19.

Mi viaje fue excelente sin ningún inconveniente. Sólo en Estambul me sentí un poco desorientado para dar con la sala de espera del vuelo hacia Zúrich. En ese instante invoqué a mis ángeles pidiendo orientación, y a los pocos momentos apareció una joven trabajadora del aeropuerto que me dijo que la siguiera, luego me señaló el lugar del abordaje; me despedí de ella expresándole mi gratitud con una venia, y también a los ángeles que me asistieron.

A mi llegada al aeropuerto de Zúrich me recibieron Marion y Martin Mayer; al verme se me acercaron y me abrazaron en señal de bienvenida. Me entregaron una bolsa contentiva de agua, manzana, galletas y chocolates, que bastante necesitaba después de casi 19 horas de viaje, incluyendo las horas de espera. Mi sincero agradecimiento a estos dos hermanos tan especiales. Luego nos dirigimos al hotel Movenpick donde tenía una reservación, gracias a la benevolencia de Paul Probst y otras almas caritativas que contribuyeron conmigo para que este viaje se hiciera realidad, y pudiera estar en este magno evento: 25° Congreso Internacional Mundial “Nuevas Preparativas Científicas”.  A la entrada del hotel me recibió Paul Probst, con quien me tomé una fotografía para el recuerdo. Luego me acompañó hasta la habitación donde me entregó dinero para mi comida, hasta el comienzo del Congreso.

Conocí a Paul Probst a finales de 2019 cuando nos visitó en Caracas —acompañado de su hija Vera María, quien habla un fluido español, el cual aprendió en Zúrich y en Colombia. El motivo de su visita era participar en el Primer Seminario Internacional “Nuevas Perspectivas Científicas” de La Fundación Mundial para las Ciencias Naturales a celebrarse en Caracas los días 23 y 24 de noviembre del año arriba mencionado, organizado por Eduardo González y un grupo de amigos incondicionales. Después del Seminario tuvimos la ocasión de visitar —con Paul y Vera María El Ávila—, en compañía de Orietta Palenzuela, Juan Dueña, Víctor Montemayor, César Ríos. Subimos en el Teleférico con la intención de ver el hotel Humboldt, el cual estaba cerrado por remodelación, o al menos fue lo que nos dijeron la guardia de custodia. Allí en le cima conversamos, comimos y nos fotografiamos. Para mí fueron momentos inolvidables.

 

En el hotel Movenpick compartí dormitorio con mis amigos José de Almeida del Perú y Juan de Dios Sierra de Colombia. Tuve la oportunidad de conocer a José Gabriel Orea de Madrid, quien me acompañó a dar un paseo por el Centro Comercial, alrededor del hotel.  Mientras duró el Congreso tuvimos las tres comidas en abundancia y variada. El domingo por la tarde, al finalizar el evento todos regresamos a nuestros dormitorios, unos a recoger sus maletas para emprender viaje a sus lugares de origen, y otros a reposar, quizás por unas horas más. En esta ocasión Paul se me acercó y me dijo que al día siguiente tendría la oportunidad de conocer el Lago Brienz. Me facilitó dinero para mis gastos. Se lo agradecí de corazón.

 

El jueves 20 a las 3:00 empezó la inscripción para el Congreso, y se nos hizo entrega de un sobre contentivo de un cuaderno de resorte, un bolígrafo de madera, un programa de dos hojas elaborado con papel de pasto, donde se hace una breve reseña biográfica de los expositores, una escarapela con nuestro nombre, el de nuestra ciudad y país de origen.

A las 7:00 pm El Reverendo Deán Paul Probst —Padre de seis hijos (cinco hembras y un varón y de seis nietos), inauguró el evento con la participación de 244 asistentes, venidos de 31 países del planeta: Nueva Zelanda (a más de 18 mil kilómetros de distancia), Perú (6.660 km) Colombia (8.794), Venezuela (8.750), Curazao, Canadá, Estados Unidos, Ucrania, Inglaterra, Lituania, España, Reino Unido, La República Checa, Holanda, Austria, Alemania, Suiza…

Paul Probst, de 73 años de edad, destacado deportista en su juventud, cuenta ahora con más de 30 años como naturópata experimentado. Es sacerdote ordenado, con amplios conocimientos y experiencias, que le permiten dirigir de manera competente, “The World Foundation for Natural Science”, como su Presidente para Europa desde hace ocho años. Posee además la facilidad de comunicar a las personas la correlación existente entre ciencia y religión.

Disertaría en sus dos Conferencia iniciales sobre:

“¡APERTURA DE NUESTRO CONGRESO DE 2022!” y

“LA VERDADERA CIENCIA DE LA VIDA”.

Él mismo se hace las siguientes preguntas: Pero ¿qué es la Verdadera Ciencia? ¿De qué fuentes se origina? ¿Está la ciencia al servicio de la vida en esta Tierra? Si no es así, entonces ¿a quién sirve? Y si se consiguen respuestas ¿son siempre válidas a partir de ahora?

Al fondo del salón se observan tres cabinas de traducción simultánea del inglés, alemán y checo; y en último minuto se habilitó la cabina para el español. En un lugar aparte, un grupo traduciría al ruso.

Transcribiré parte de los dos discursos de Paul Probst porque me parecieron sumamente interesantes, sobre todo por lo novedoso de sus planteamientos:

“Buenas tardes a todos. Bienvenidos a Suiza, a este Congreso número Veinticinco. Oh, cuanto hemos esperado este momento, tres años para ser preciso. En 2019 fue nuestro último Congreso exitoso. Me alegra mucho poder ver a viejos amigos.

“Existen muchas cosas que están sucediendo en el mundo que no son buenas, pero queremos presentar soluciones. Y es importante que lo que estamos compartiendo, salga al mundo, que el mundo se entere de lo que estamos hablando aquí.

“Se pueden descubrir muchas cosas cuando se miran con ojos diferentes. Estén abiertos a todas las posibilidades. Casi siempre son detalles pequeños que uno piensa que los sabe, dejando ir algo que es importante, perdiendo una oportunidad de aprender. Pero no crean todo lo que yo les digo, solamente acéptenlo, examínenlo y comprueben qué es lo verdadero. Y si ustedes no lo examinan y no comprueban lo que es verdadero, no pasaría de ser una creencia. Deben experimentarlo para que sea de ustedes. Siglos atrás la religión, la Biblia, decían qué era lo correcto, y tenías que creerlo; incluso en aquella época a la mayoría de las personas no se les permitía leer la Biblia, además que estaba escrita en latín. Hace unos 500 años se empezó a traducir e imprimirse. Después, más recientemente se nos enseñó a creer en lo que decía la ciencia. Se nos dijo: lo que dice la ciencia es lo verdadero. Es la razón por la que necesitamos la vía o el camino del medio.

“Traigo el recuerdo del doctor Peter Leach-Lewis, quien fue el fundador de “La Fundación Mundial para las Ciencias Naturales” el 10 de febrero de 1993, y a su partida hace diez años nos dejó un legado, y ahora continuamos recorriendo su camino, prolongando sus pasos. En 1994, en el Congreso de Lindau Peter dijo: Si tú quieres hacer algo en este mundo, debes tener esa fuerza interna que es tu conciencia. Y no se trata de la religión. No importa a que religión perteneces ya que el termino religión significa volver de nuevo a la ley. Alguien hizo esta ley, pero ¿quién?

“Si quieres cambiar algo en este mundo tienes que respetar a las personas que están a tu alrededor. Albert Einstein dijo: La ciencia sin la religión está coja, y la religión sin la ciencia está ciega. Somos células en el cuerpo de nuestro Creador. No sé cuál sea tu idea de Dios, pero me gustaría hablarte de esa fuerza. Hace mucho tiempo la gente adoraba al sol; el sol era tan cercano al hombre, incluso más que Dios mismo. Recuerdo que en mi juventud me gustaba levantarme muy temprano y encaminaba mis pasos hacia la pista de patinaje. Llevaba mi comida, y permanecía mucho tiempo en el hielo. En la pista, a las nueve de la mañana, a una temperatura de 20° C esperaba la salida del sol, y era una experiencia asombrosa, única. Es todo un espectáculo: los animales se levantan, el gallo canta, los niños se alistan para ir a la escuela, corren, gritan, bailan y la vida renace. Me gusta mucho estar en Suramérica por su calidez, hay tanto sol. Por eso debemos ser tan agradecidos del sol, que nos da esa energía, esa sabiduría. Sin el sol no existiría la ciencia, ni la vida. La luz comienza a dar vida. Todo viene del sol; incluso el oro es luz de Dios condensada. Todo lo que vemos es luz condensada, y cada vez nos estamos acercando más al sol. Y sobre todo, no le demos poder a las fuerzas adversas ni demos nada por sentado.

“Con frecuencia nos preguntamos ¿por qué nació la religión?, y la respuesta es: por el miedo. Por ejemplo, cuando en Hawái ocurre una explosión y se manifiestan las fuerzas en el volcán Kilaue, la gente siente miedo. Pero lo que sucede es que nace nueva tierra, que viene del fuego, que a la vez viene del sol, y nosotros somos parte del sol. En nuestros corazones existe un fuego inteligente que nos da vida, siendo el corazón el órgano que irradia la mayor energía, que calienta nuestro cuerpo, y es la razón por lo que nosotros hablamos tanto del corazón. Cuando nos abrazamos o tocamos, sentimos esa energía vibrante que emitimos y recibimos. A veces le tenemos miedo a esas fuerzas que conviven con nosotros. Sólo tenemos que aprender a manejarlas. Pero no es a través de la pantalla de un teléfono que nos comunicamos, sino a través de nuestros corazones.

“En los pueblos de Occidente se respeta más a los científicos que a los sacerdotes, pero esos dos mundos dentro de un mundo (el de la ciencia y la religión) manejan el mercado, y son esos dos mundos, cuando trabajan juntos, los que se han convertidos en un poder que está matando a la Madre Tierra, haciendo las aguas impotables, contaminando el aire hasta no poderse respirar, envenenando los suelos, las plantas, los peces con sustancias químicas. Y todo esto ocurre, o por deporte o por avaricia. Tanto se han alejado la ciencia, el pastor o el sacerdote de la gente, que no tienen mucho que decir. Quizás en el último instante de la vida de una persona —ante una enfermedad incurable— el sacerdote puede ser solicitado. Aunque quizás la última esperanza recaiga sobre el naturópata, como un salvador o liberador, sin darse cuenta que su liberador o salvador está dentro de ellos y no fuera, pero no es visible y no se puede demostrar… yo les podría contar tanto sobre eso.

“Nosotros buscamos mujeres y hombres sinceros, que estén conscientes de que somos creado por Dios Todopoderoso, ¿y por quien más? No podemos ver al ser humano fuera de la naturaleza; es parte de ella. Somos regidos por las mismas leyes. ¿Cuál es la diferencia entre una persona y un árbol? La única diferencia es que el árbol no puede saltar, ni caminar, ni moverse, pero en esencia estamos formados por los mismos componentes.

“La física quántica ha hecho tantos descubrimientos buenos, que ha llegado a demostrar que alrededor de nosotros existe un 99.9% de nada y esa nada es nuestro espíritu, del que acabo de hablarles, que está a nuestro alrededor, pero tenemos que reconocerlo, aferrarnos a él, hacer algo con él. Para eso estamos aquí, para aprender y hacer algo con eso. Hablaremos sobre el prana, la respiración, el aliento. La vida que está en el aliento es lo femenino, y es lo que nos da vida. Lo masculino es el creador, pero la vida la recibimos de lo femenino, que es lo que nos nutre, es el espíritu Santo y nosotros vivimos y morimos a través del aliento. Cada minuto pasamos diez, veinte veces por el proceso de vida y muerte. Hay tantos ejercicios sobre el aliento, y si vemos el potencial que está dentro de nosotros, a través de la visualización, con el pensamiento, en combinación con esta creación valiosa de electrones, nos damos cuenta que todo viene del sol. ¿Habla la ciencia de eso? Lo escucharán el domingo. La ciencia nos quiere investigar como máquinas, aislándonos de ese espíritu que somos.

“Ahora, ¿qué hemos aprendidos en la escuela? Todas esos conocimientos y falsas argumentaciones sólo nos confunden más. Hace tiempo un profesor mío me dijo: Date por afortunado de que no fuiste deformado, de que no memorizaste todo eso que te enseñaron en la escuela. La fuerza natural detrás de la ciencia no se aprende en la escuela.

“Cada día me asombro más de la naturaleza, y estoy tan contento por esta decoración que se ha hecho en este salón de conferencias. Cuando nos entendemos a nosotros mismos, entendemos también al Cosmos, porque microcosmo y macrocosmo son lo mismo. Lo que nosotros podemos diferenciar es lo que es correcto o equivocado, inmoral o ético, y de eso se trata, que empecemos por allí. Si hacemos algo equivocado, corrijámoslo y continuemos”.

Paul Probst

Zordy Rivero

04/12/2022


miércoles, 9 de noviembre de 2022

DIARIO DE SUIZA 2

Lunes 24

Temprano abandonamos el hotel con maleta y todo, en compañía de Karin y su esposo Hans, quienes nos llevaron —a Juan de Dios y a mí— al Lago Brienz. El recorrido fue de 110 kilómetros. En el camino hicimos una parada en una estación de servicio; yo aproveché para comprar un par de chancletas y Juan de Dios una correa para reponer una dañada. Nuestros amigos no nos permitieron pagar, a pesar que insistimos. La siguiente parada fue en un estacionamiento, aledaño al Lago Brienz, cuyas aguas de un azul intenso, son únicas en el mundo. Nos tomamos fotos muy cerca de un arroyo rápido, que hacía mucho ruido. Apenas comenzamos a bajar y empezó a llover, por lo que tuvimos que refugiarnos en un hotel desde cuya platea se podía ver una gran extensión de aguas tranquilas, silenciosas. Me sorprendió ver en el centro del estuario un círculo gigante de un color rosado intenso que se mantuvo así durante toda nuestra permanencia en el lugar. En la medida que pasaban los minutos, el círculo adquiría distintas formas, pero sin apartarse del lugar.

Al lago Brienz lo nutren cascadas perennes; al menos nosotros vimos un riachuelo cristalino, bajando de la cima de una montaña. Allí nos tomamos varias fotografías antes de que apareciera la lluvia. Serranías altas lo rodean y en sus orillas se notan casas salpicadas, aquí y allá. Siendo un lugar turístico no es raro la abundancia de viviendas cercanas a sus orillas. Nadie que viaje a Suiza puede dejar de visitar este hermoso y mágico lago.

Después de tomar varias fotografías, entramos al restaurante del hotel con la intención de almorzar, pero debido a que viajábamos con un perrito de compañero, por las muestras y señas noté que no estaba permitido la permanencia de animales en el lugar.  Sin embargo, quien nos atendió nos llevó a una amplia sala con vista al Lago, donde sí se permitían animales. Nuestro servidor, al llevarnos el menú, nos indicó que para ese día habían colocado cortinas nuevas, de un rosado exquisito. Ya acomodados en la mesa cada uno eligió un plato a su gusto. Yo pedí un pollo en salsa que estaba delicioso, acompañado de un vino tinto excelente. Ya, concluida la comida, nos tomamos en la sala varias fotografías. Luego emprendimos el regreso a la ciudad bajo una lluvia menuda pero persistente. Mientras nos dirigíamos al auto recogí varias piedritas: un encargo de mi amiga Adriana Gallardo de Caracas, quien me hizo esa petición en Maiquetía: “Si visitas el Lago Brienz, tráeme, aunque sea una piedrita, Zordy”.

Cayendo la noche llegamos a la ciudad. Paul me esperaba en la oficina de “La Fundación Mundial para las Ciencias Naturales”. Me condujo a su casa, en una hermosa zona residencial de Rotkreuz. Juan de Dios continuó hacia el aeropuerto en compañía de nuestros servidores, Karin y Hans.

Tuve la ocasión de conocer a Elisabeth, la esposa de Paul, quien lo acompaña en una casa un tanto grande para dos personas. Son una pareja muy sencilla. También conocí al juguetón perro Kimo, quien se hizo mi amigo al instante. Paul me señaló un cuarto y dijo: Esta será tu habitación. 

Zúrich, 09-11-2022

Zordy Rivero


martes, 27 de septiembre de 2022

SIEMBRA DE ÁRBOLES EN SAN DIEGO DE VALENCIA

El sábado 24 de setiembre de 2022 fui invitado por la afamada ambientalista Verónica Zárraga —quien a la vez está inmersa en el proceso del reciclaje y la conservación del ambiente— para impartir una charla a un grupo de jóvenes, en su mayoría universitarios, en los espacios verdes de Farmatodo, diagonal a la entrada del pueblo colonial de San Diego. La misión de ellos era sembrar árboles, paralelo a la avenida principal del municipio, y la mía, de hablarles sobre generalidades de la ley de causa y efecto y también del daño que causa el plástico a nuestro organismo y el medio ambiente.

Foto Tomada por Verónica Zárraga

Les hice a saber al grupo de unos treinta y tres jóvenes que, una de las principales causas del cáncer de Próstata y de las Glándulas Mamarias era el plástico, y en especial, el componente especifico llamado bisphenol A. No es casual que en la década de los 80 del pasado siglo, estos tipos de cánceres estuvieran en un octavo lugar, mientras que ahora alcanzan los primeros lugares en el planeta. Sabemos que se recicla el 9% de los 400 millones de toneladas plásticos que se producen anualmente en todo el mundo. El bisphenol A es una hormona sintética similar al estrógeno, que se encuentra en las botellas de agua, biberones y vasos de plástico.

Que estamos rodeado de plásticos, es cierto, pero también es cierto que la mayor parte de este material que se recicla no termina en los vertederos, ríos y mares. ¡Al menos es algo!

También advertí que el uso prolongado del tapaboca puede traer como consecuencia la muerte de células nerviosas, que al cabo de los años puede conducir a enfermedades como el Alzheimer y otras afecciones del sistema nervioso. El monóxido de carbono que exhalamos e inhalamos de manera continua es dañino para la salud.

Al terminar mi charla de casi una hora nos dirigimos al lugar de la siembra; allí se incorporaron otros activistas. Siendo la lista de participantes un tanto larga, mencionaré a los primeros que se anotaron en la pagina de asistencia: Mariam Sbeih; Daniela Meza; Barbara Cese; Pablo Hernández; Camila Barrios; Milagros Jiménez; Evelix Barrios; Sebastián Salazar; Mariángela Carrillo; Andrés Peralta; Fernando Rodríguez; Angibel Ordoñez; Arturo Pereira; Yaniuska Montilla…

Sobre la Ley de Causa y Efecto la estaré explicando en seminarios venideros; yo me encargaré de avisarles y la elección de asistir queda de parte de ustedes. Sólo me queda decirles que continúen con esta hermosa labor comunitaria; y para mí fue un verdadero placer poder compartir gratos momentos con la juventud de San Diego. Un saludo especial a la psicoterapeuta Virginia Blanco, cuyo saber y pasión por el ambiente es ejemplar.

San Diego, 27-08-2022

Zordy Rivero

lunes, 26 de septiembre de 2022

EN UN CAMPAMENTO

            Estábamos un grupo de obreros en un campamento petrolero. Habíamos llegado por la tarde, pero en la noche decidimos prender una fogata, y alrededor de la misma empezar a conocernos. Todos contamos trozos de historias vividas, algunas aburridas, otras más o menos interesantes. Ya avanzada la noche fijé la mirada en uno de los compañeros que se había mantenido en silencio, sin hacer comentarios ni participar en la conversación.

            —… ¿y usted de dónde viene amigo? —pregunté.

            —¿Yo?  —dijo sorprendido.

            —¡Sí, usted! Durante toda la conversación ha permanecido callado, ensimismado, quizás urdiendo su propia historia.

            —Mi nombre es Melecio Cárdenas. Vengo de un pueblo poco conocido en la amplia geografía llanera –dijo y luego cayó.

            —Estamos dispuestos a escuchar su historia —dije—, si usted se digna compartirla con nosotros.

            —Dos motivos me alejaron de mi pueblo natal, donde pasé mi infancia y juventud. Si ponen atención les contaré mi historia, historia que no deja de ser curiosa…

            —Pero antes de que continúe —intervine—, propongo un brindis.

Todos llenamos y levantamos los vasos en señal de aceptación.

—Siendo joven me hice la promesa de que si algún día recibía dos traiciones en mi pueblo, me marcharía del mismo para jamás volver. Sólo estudié hasta sexto grado, lo suficiente en aquella época para abrirme camino en la vida. La mayoría de mis amigos de la escuela fueron enviados a la ciudad a continuar sus estudios. Yo me quedé por iniciativa de mi padre; según su parecer, para que no me contaminara con las malas costumbres de la ciudad. Finalmente lo acompañé al campo donde teníamos una pequeña finca. Nunca perdí contacto con el pueblo. A veces iba a llevar quesos y ganado, encomiendas, pero siempre regresaba. Una noche —muchos años después—, me encontré con uno de los amigos de la escuela, que se acababa de licenciar de abogado. Estábamos en el mismo bar; yo tomaba una cerveza en la barra cuando me tocaron por la espalda. Señor, me dijo un muchacho, que le haga el favor al señor que está en aquella mesa. Dejé la cerveza y caminé hacia la mesa que me habían mostrado. Se trataba de un viejo condiscípulo: Evaristo Carranzas. Me presentó a sus amigos, algunos desconocidos, venidos de la ciudad; otros conocidos. “Siéntate Claudio —me dijo y continuó—: Claudio Mora estudió conmigo la primaria. Aquí tienen ustedes, queridos amigos, el fiel retrato de un infeliz que se decidió por la ignorancia, el atraso. Prefirió ser un burro de carga, antes que seguir estudiando. Aquí tienen un ejemplo de frustración, desidia, mediocridad. Un ejemplo a no seguir…”

—Ante aquel insulto inmerecido, innecesario, me dispuse a retirarme. Evaristo se levantó y me tomó de un brazo.

“No se vaya Claudio —dijo tambaleándose—, todavía no he terminado.

“Pero yo sí”, dije. Le asesté un golpe en la mandíbula. Dio una vuelta completa y cayó cuan largo era. Escapé corriendo del lugar, fui a mi casa, acomodé una maleta y la llevé a casa de un amigo. A las dos horas la guardia y la policía me buscaban, vivo o muerto. Caminé a oscuras por la carretera, hasta llegar a casa de unos parientes.  Allí pasé la noche.

En la mañana le dije a mi primo que fuera al pueblo a hacerme algunas compras y a la vez averiguara cómo andaban las cosas. Él aceptó de buena gana.

Estando la mujer de mi primo en la cocina le dije que iría al monte. Ella sin pronunciar palabras asintió con un movimiento de hombros. Era una mujer bonita pero descuidada. Salí con mi equipaje. Ser precavido es una de mis virtudes. Volví a la casa y ya la señora tenía preparado el desayuno. Comí apresurado, pues presentía que mi pariente no tardaría en llegar. Para mayor seguridad regresé al monte y me escondí en unos matorrales; a los pocos minutos apareció mi primo con una cuadrilla de la guardia Nacional. Él los guiaba. Esperé algunos minutos y los vi salir por detrás de la casa. Tomaron el camino del pueblo de G; ahora el guía los seguía a ellos, casi corriendo. Yo tomé el camino contrario, con la certeza de que no me seguirían. Caminé todo el día y parte de la noche, sin detenerme. De aquel suceso hace más de treinta años, y todavía no he vuelto a mi pueblo. Durante los primeros años estuve pendiente de las noticias que de allá me llegaban, y anduve como burro sin diente, caminando por pueblos y caseríos. Trabajaba unos días en alguna finca, y cuando aparecían los del gobierno ya había partido, pero con el correr del tiempo y las ocupaciones, me fui olvidando de todo y de todos. Debo confesar que de mí también se olvidaron. Les acabo de contar la segunda traición, la primera le ocurrió a mi padre, que es como si me hubiese ocurrido a mí.

 *

Como dije al principio, vivíamos en una finca, retirada del pueblo. Mi padre era un próspero productor de ganado, y cada año vendía cincuenta y más toros, que para una familia pequeña representaba una verdadera fortuna, pero como en la vida del que trabaja nunca falta un envidioso, uno de los vecinos hacía ese triste papel. Un verano mi padre vendió el ganado, llevó el dinero a casa y lo guardó en un baúl, como de costumbre.

“Hijo, anda a la casa del vecino —me dijo—, pero no entres. Los vigilas desde el monte, procura que no te vean. Antes del mediodía regresé a casa.

“Los dos hijos del vecino salieron por el camino real —dije.

“Eso era lo que necesitaba saber —dijo mi viejo, dándome palmadas en el hombro”.

Mi padre acomodó el caballo y salió rumbo al pueblo. En una encrucijada se detuvo; entre unas matas de mora se escondió, mirando la inmensidad de la sabana. Después de esperar unas dos horas miró venir dos hombres a caballo, entonces salió y prosiguió su camino.

“¿Hacia dónde va, señor? —preguntó uno de los hombres.

“Voy al pueblo, en diligencia, a ver si negocio una vaquita —respondió mi padre.

“¿Estamos muy lejos todavía de la finca de don Luciano Mora? —preguntó.

“Ya casi llegan, detrás de aquella ceja de monte se encuentra su casa.

“Tenemos entendido que para llegar a la casa de Luciano no se necesita cruzar ningún camino. Siempre derechito, nos dijeron.

“Tienen razón, sólo que don Luciano está viviendo en la casa nueva que recién compró. Hace poco vendió cincuenta toros y por ese motivo cambió de casa, aunque tal vez sea por algunos días”.

Los dos hombres fueron a parar a la casa del vecino envidioso, que se encontraba solo, esperando a sus hijos. Lo golpearon hasta el cansancio para que entregara el dinero, y como era de suponer no se los entregó, pues Luciano Mora era mi padre, el que los había despistado.

A los pocos días los hijos del vecino visitaron a mi padre, que se encontraba solo. Lo golpearon hasta dejarlo muerto. No le perdonaron al viejo que les hubiese enviado a los delincuentes que ellos mismos habían contratado. El padre de mis vecinos no volvió a recuperarse de la golpiza recibida. Ese mismo año murió.

Zordy Rivero