A finales del 2025 viajé a la
ciudad de Calabozo donde tengo varios hermanos por línea paterna. Visité a mi
hermana Carmen Carrasquel quien me recibe gratamente en su casa, en la urbanización
“Misiones de Los Ángeles”.
El caso es que saliendo de
Valencia se montó en la buseta un vendedor joven, promocionando una crema de sábila,
envasada en unas cajitas de plástico de color azul. La promoción consistía en
tres unidades por el precio de una, asequibles para quien las quisiera adquirir.
El promotor señaló de manera
extensa las propiedades de la Sábila casera, sus bondades y milagros en la
regeneración de la piel. Finalmente hizo una demostración para impresionar, quizás,
a los que todavía tenían dudas sobre el producto “milagroso”. Sacó un frasquito
de yodo y se lo aplicó sobre la manga de su camisa blanca, luego abrió una de
las cajitas y se aplicó la sábila, argumentando que su producto era tan
poderoso que podía disolver cualquier mancha, incluyendo las manchas de la piel
de la cara.
En ese instante capté la primera
mentira. La sábila no puede remover una mancha de yodo que previamente ya se ha
secado sobre la tela; pueden hacer la prueba en casa y comprobaran que es irremovible.
Si alguien tiene una mancha vieja en una prenda de vestir, y se unta sábila, la
misma se mantiene intacta.
Cuando el vendedor se acercó a mi
asiento le dije que el hecho de untarse yodo en la manga de la camisa de manera
repetitiva, le traería problemas de salud grave, dado que el yodo que se absorbe a través de la piel... al final le iba a dañar algunos órganos internos, incluyendo la
tiroides. Me agradeció el consejo y prosiguió con su venta.
Sólo debemos entender que a veces
exponemos nuestro cuerpo a sustancias toxicas que pueden dañarnos gravemente, y
que las ganancias sacadas por dicha imprudencia, no nos alcanzará para
recuperar nuestra salud.
Arismendi, 28 de enero de 2026
Zordy Rivero, Cronista Oficial del municipio Arismendi-Barinas